¡Da buti...
... chiqui! Expresiones habituales de un tío mío de cincuentaypico años que podría pasar por mi hermano y dentro de poco, tal y como van las cosas, por mi hijo. Una de las personalidades más sanas, frescas y atractivas que he tenido la suerte de encontrar en mi vida.
Hoy, hace un momentito: una pequeña alegría, pequeñísima pero realmente ayuda. Tanto que ahora mismo, si te tuviese delante, sencillamente te diría: 'Tú te lo pierdes'. Después giraría mi cuerpo y un segundo más tarde mi cabeza, en un gesto aprendido de las grandes actrices clásicas y rubias de Hollywood. Básicamente es lo que soy, una gran actriz clásica y rubia.
La pequeña alegría consiste en lo siguiente: las palabras de una chica con la que me escribo de vez en cuando, madrileña, amiga de una amiga mía, con la que estuve a punto de encontrarme pero a quien en realidad no he visto en mi vida, salvo en foto por partida doble: fue su regalo por mi último cumpleaños. Llevaba yo tiempo sin contestar su último correo así que se presentó preocupada, me disculpé por mi egoísmo y le escribí un enorme correo doble, entre el viernes y hoy, vomitando palabras y pensamientos y dolores y sueños, acerca de mis asuntos y acerca de los suyos, como es preceptivo en esto de la comunicación. Acabo de leer su corta respuesta de agradecimiento, me escribirá mañana con calma, ¡pero me ha hecho sentir tan bien! Y eso es porque mis palabras le han llegado, y dice que resulta curioso que pueda suceder algo así entre desconocidos y sólo con letras impresas en una pantalla. Me dice más cosas, que yo valgo mucho... y yo voy y la creo. ¿Sabes?, tiene razón. Y una cosa más te digo: cuando me pongo, escribo como los ángeles.
Así que: ¡tú te lo pierdes!