¡Ya!

¡Conseguido! Ya está, se acabó, finalmente he llegado a comprenderlo, es un gran momento para mí, y aunque tú no lo sepas para ti también. El gran dilema, el que me confundía y me angustiaba, ha sido resuelto. Después de tantísimo tiempo, tras tantos meses... de repente apareció la solución, sin aviso previo, como un relámpago que lo iluminó todo un segundo. Claro que ahora me toca asimilarlo y reconstruir las cosas, pero todo será más sencillo desde la comprensión. Ya nunca te reprocharé nada, no te echaré en cara silencios ni huidas. Nunca más. Porque no tienes ninguna culpa. Antes lo decía con la boca pequeña, lo intuía pero realmente no acababa de estar convencido. Ahora podría gritarlo encaramado a la cima más alta - tras breve descanso para recuperar el aliento.

Mi gran problema estaba en que no entendía tu silencio, no lograba encontrar la causa, varias veces lo mencioné, ’no entiendo por qué no me cuentas nada, por qué no me dices adiós, es tan sencillo’... cuando lo realmente sencillo era darse cuenta de la situación. Creo que mi error fue creerme más de lo que realmente era.

Nunca quise compararme con Luis, fuera de las bromas semiacomplejadas de aquellos viejos buenos tiempos. No quise hacerlo porque sabía que no te parecía una comparación apropiada, probablemente seguirás opinando lo mismo. Pero en realidad nuestra historia es esencialmente la misma, tan simple como eso: él y tú os conocéis (tú y yo nos conocemos), hay palabras entre ambos (hay palabras entre ambos), él y tú os acompañáis durante un par de cervezas (tú y yo compartimos un par de cervezas), él acaricia tu cintura con sus manos (yo acariciando tu cintura); él llega a creer que tal vez existe la posibilidad (yo creo que tal vez...), él trata de acercarse una y otra vez (y yo, una y otra vez; y una vez más). Nunca quise pensar mucho en esto, pero ahí estaba la solución. Finalmente me atreví a escribirlo, la entrada inmediatamente anterior en este blog, y al rato me encontré reflexionando sobre ello y se hizo la luz.

¡Tan sencillo! ¡He tardado tantísimo en comprenderlo! Te pido perdón, nos habríamos ahorrado penas y angustias...

Luis te enviaba mensajes, te llamaba al móvil, intentaba hablar contigo cuando te encontraba conectada al chat... y tú tratabas de mantenerte alejada, no querías hacerle daño pero lógicamente procurabas no darle esperanzas, por otra parte te resultaba muy pesado y en realidad no tenías nada que decirle. Y alguna vez preguntabas mi opinión, ¿qué te parece?, ¿qué crees que debería hacer?, y recuerdo que alguna vez te respondí: ’No le prestes atención, ya se le pasará’. ¿Se le pasará el qué? ¿El capricho, el deseo, la ilusión? Ya se le pasará todo.

Luis preguntándote qué sucedía. Y tú manteniendo tu silencio.

Ahí está mi incoherencia, el principio de mi confusión. Yo tratando de acercarme a ti una y otra vez, yo mandándote mensajes y escribiéndote larguísimos correos... Yo Luis preguntándote qué sucedía. Yo perplejo ante tu silencio. Pero ahora lo entiendo. Es el silencio más natural y sincero, el silencio de quien no quiere tener problemas con un asunto, de quien sencillamente desea desentenderse y dejar que el tiempo solucione las cosas. ’No le prestes atención, ya se le pasará’... sin darme cuenta, en mi respuesta a tu pregunta estaba la contestación a todas mis dudas.

Así que es eso, ya está, no sé cómo no lo vi antes. Fue un error, otro más, ya lo he dicho: supongo que me dio por creerme algo más. No es un error que yo suela cometer, créeme. Lamento la confusión, lamento mi confusión. Sé que desde ella no supe actuar, sé que lo hice mal. No volverá a suceder. No volveré a reprocharte nada. No volveré a pedirte explicaciones. Porque no me las debes. Porque tu actitud es perfectamente razonable. Me duele la situación, está claro, pero esto no es responsabilidad tuya, no tengo ningún derecho a pedirte cuentas, cómo culparte por lo que sientes, por lo que dejas de sentir...

Lo conseguí, lo logré, alcancé el entendimiento. Se acabó el veneno, se terminó la hiel. Pero éste no es el fin: es el principio. A partir de aquí lo que desees: si decides explicarme atenderé sin posos de rencor, si escoges el silencio indefinido comprenderé que es algo natural (ya lo comprendo), si prefieres aparecer de vez en cuando para dar y pedir palabras las obtendrás sin manchas. Ambos sabemos cuál es la conclusión del asunto, así que lo que realmente importa a estas alturas es el tono que queramos darle a la despedida. No permitiré resentimientos ni malquerencias. Por eso es el principio. El principio de esta sensación sana y buena.


Y, en fin, todo esto, como escribiría y compartiría y a veces cantaría Quique González, ’Aunque tú no lo sepas’...

Aunque tú no lo sepas.

Aunque tú no lo sepas
me he inventado tu nombre
me drogué con promesas
y he dormido en los coches.

Aunque tú no lo entiendas
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.

Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas.

He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.

Aunque tú no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
cada día más flacos.

Inventamos mareas,
tripulábamos barcos,
encendía con besos
el mar de tus labios.

Y toda tu escalera.

28/07/2008 11:21 Autor: decirleamaria. #.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.






Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.