Bienvenida a Triana.

Me doy perfecta cuenta de que la línea comunicativa que antes nos unía de una forma excepcional ahora nos separa. Ha cambiado de color, de textura; de idioma. Los motivos se encuentran tanto en uno como en otro lado, aunque tienes que reconocer que yo me he esforzado mucho más en tratar de conservar lo que nos iba quedando.

Está claro, por las dos o tres últimas contestaciones que de ti he recibido, a lo largo de las dos o tres últimas semanas, que mis incursiones breves y amables de los últimos meses ya no son de tu agrado. Es posible que estés pasando por malos momentos, de hecho he llegado a conocer (sin yo preguntarlo) algún detalle de tus preocupaciones sentimentales (por tanto en absoluto relacionadas conmigo) que se alargan en el futuro durante al menos un año, he podido saber más, no quiero saber más, no quiero que nadie me cuente, quiero que tú me cuentes lo que quieras contarme, únicamente eso, lo que no desees contarme no es de mi incumbencia. Sé que los últimos muchos meses has soportado una gran presión en el trabajo, sé que se han juntado varios problemas más, y quizá en estas últimas semanas, con las vacaciones tan cerca, sencillamente sólo tengas ganas de cerrar los ojos y que todo pase y lleguen playas y Huelva y sol y tiempo que no pasa, tiempo que cuente.

Que seas o dejes de ser amable conmigo en realidad no tiene mucho que ver con eso, pero en fin: comprendiendo que nuestra comunicación se encuentra en estado crítico, que no es el mejor de los momentos y que dentro de tres semanas ambos vamos a tener la oportunidad de eliminar toxinas, creo que lo mejor es dejarlo en barbecho hasta el curso que viene. El siguiente paso tendrás que darlo tú, tras las vacaciones, cuando lo desees. Has vuelto a asegurarme que me escribirás una carta contándomelo todo, la carta que me prometiste en marzo. ’Cuando esté menos estresada’, dices... 

En fin, ya está: te haré caso. Cuando tú quieras, María. Ya sabes dónde estoy. Dejaré que descanses de mí. Será bueno. Hasta entonces, pues.

Triana... recuerdos de mi hermano y yo tumbados cada uno en su cama, en la misma habitación, simulando estudiar, el mágico disco de vinilo girando hace casi veinte años... Hay varias canciones hermosísimas, pero la que más me hace temblar de emoción, también por el recuerdo, es la que contiene el coro de niños, la canción de despedida del Jesús ahogado en la nostalgia y cansado de llorar, ’Llegó el día’, y poco después llegó su día, atravesando muros y ruinas... mi día también llegará, igualmente estoy cansado de llorar, estoy cansado de todas las tragedias que están ahí aunque pase el tiempo, pero no será un día triste, tengo ganas de vivir, florecer como un hombre nuevo, sin miedo... sin miedo...

Llegó el día.

Ya no siento que me ahoga la nostalgia
y me encuentro cansado de llorar.
Ya no importará más quien gane.
No quiero de esta fuerza escapar.
Volaré por las estrellas una a una
en el brillo de tu cara y tu mirar.
Pediré al Sol que toda mi fortuna
sea un rayo perdido en alta mar.

Sin saber que no me vale.
Sin saber que no me sirve.

Ahora siento que llegó el día,
que tengo ganas de vivir,
de atravesar los muros y ruinas
que aunque pase el tiempo están ahí,
y florecer como un hombre nuevo
sin miedo a las tragedias por venir.
Regalarle a la vida todo el fuego
de tus ojos y tus ansias de vivir.

(Iba vestida la aurora con rayos de Sol
y en los cabellos prendida llevaba una flor)

21/07/2008 21:49 Autor: decirleamaria. #.

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