Los perfumes tristes.
Según mi sobrinastra, una de ellas, la del medio por edad y estatura, poseo un olor peculiar, un aroma característico, un perfume propio: 'Hueles a ..... (insertar mi nombre aquí)'. Supongo que se debe a que en la primera ocasión en que me olfateó utilicé el mismo desodorante que en esta segunda oportunidad, algo así. De todas formas a uno le produce cierta ilusión ser objeto de alguna generosa nariz olfativa, de vez en cuando.
Fin de semana en Santander, acabo de llegar y me siento un poco triste, creo que esencialmente por la última escena antes de abandonar aquella ciudad: mis sobrinastras y una buena amiga suya tratando de continuar con una broma con que nos reíamos los últimos días, y yo dándoles la espalda y marchando sin apenas despedirme, me sentía agobiado y cansado y sucio y sólo quería marcharme pero eso no es excusa, cómo puedo comportarme de esa forma delante de nadie, pero especialmente con quienes se portan tan bien conmigo, con quienes me aprecian y me lo demuestran... Qué me costaba una última mirada, una sonrisa... Fue un pequeño gran error en un fin de semana en que me sentí querido en varios momentos, en muchos, por ellas y por mi gente, especialmente la noche del sábado, en una casa rural con todos ellos, ping-pong, futbolín, wii, apenas dos voldamm, costillas, criollos, verdura a la plancha, chorizo, queso, piña, sandía, palabras y risas... ¿la felicidad?. No quise irme nunca, ojalá no hubiera terminado nunca. Supongo que lo que encontré allí es lo que más echo en falta: sentirme apreciado, sentir el afecto y el cariño. Qué bien se encuentra uno, rodeado de personas para quienes cuenta.
Por lo demás: fin de semana rodeado de mucha otra gente bastante más ajena. Suficiente gente y suficiente tiempo como para darme cuenta de lo poquita cosa que soy, desde el punto de vista, digamos, de la estética social. No me malinterpretes, no estoy haciéndome de menos: conozco mis virtudes, sé por qué me busca la gente que me busca. Pero soy muy consciente de lo que no alcanzo. No me engaño. Así que éste sería un buen momento para mandarme a tomar por culo, María, te mereces algo mejor, encontrarás algo mejor. Y lo entiendo y me parece lo adecuado.
Mañana tal vez no lo entienda tanto y no me parezca tan adecuado, ¡así que date prisa!
¿Y en cuanto a mí? ¿Encontraré algo mejor? Hoy por hoy lo dudo, pero ya sabes que me encuentro en este largo período intersticial en que no soy muy capaz de ver las cosas de fuera, no me apetece siquiera asomarme a echarles un vistazo. No obstante, es natural pensar que cualquier persona que me muestre un poco de interés personal, que me aprecie y me estime, será mejor para mí. Así que, en efecto: encontraré algo mejor. Sólo necesito un poco de tiempo para convencerme. O un poco más.
El viernes, antes de marchar a Santander, muy de mañana, te envié un correo, no fui capaz de evitarlo, al recordarlo noto el rubor en mis mejillas pero es leve, tengo la sensación de que cualquier cosa que intente contigo, cualquier cosa que diga o haga vas a interpretarla siempre de la peor manera, recibirla con los brazos cerrados. De esta forma es imposible acertar con nada, así que supongo que da igual lo que yo haga o deje de hacer. La idea de enviarte ese correo surgió al despertar, un correo con dos párrafos del texto contenido en ’Ábacos exterminadores al otro lado del mundo’, el que comienza con ’Estoy pensando...’ y el siguiente. No me pareció ni buena ni mala idea, ya digo, por muy agradable que sea el tono con el que trato de escribir, por muy cordial que intente ser, en realidad todo depende de cómo me leas, y en esa posible bondad lectora no tengo muchas esperanzas puestas. Últimamente, cada vez menos.
No te lo iba a mandar, para qué, pero a última hora creció el hormigueo y no encontré ninguna buena razón para no mandártelo y me pareció que era apropiado al menos para, por un lado, hacerte saber que no me vale tu silencio, y por otro ponerte las cosas fáciles... sabía que de no enviarlo me iba a estar comiendo la cabeza el resto del fin de semana así que acabé por hacerlo.
Además, pasando el fin de semana lejos de casa no sufriría en absoluto por tu falta de respuesta.
Y, en fin, acabo de llegar y podría mirar el buzón para saber si me has contestado, pero no me encuentro con fuerzas, ya he dicho que estoy ligeramente triste. Sé que encuentre lo que encuentre esta sensación se va a acrecentar, así que prefiero esperar a mañana. Realmente... si tuviera que apostar, lo haría por la opción ’No me has contestado’. Y no me refiero a la Gran Cuestión, por supuesto, eso es claro; sino al correo del viernes.
Así que será mañana. Tu respuesta, tu nuevo silencio, lo que sea.
Mientras tanto: ’Historia universal (el amor no es lo que piensas)’, Reconstrucción, Deluxe (¡quién si no!):
Historia universal (El amor no es lo que piensas).
Cuando nos encontramos
hablabas siempre del amor.
El amor no es lo que piensas,
el amor no es lo que piensas.
Cuando nos conocimos
sólo buscabas libertad.
Eso lo buscamos todos,
eso lo buscamos todos.
Cuando nos reencontramos
querías volver a empezar.
Te confundiste con la soledad,
te confundiste con la soledad.
Cuando nos dimos cuenta
habían pasado años ya.
Acabarás haciéndome daño,
acabaré haciéndote daño.
Cambiamos nuestros planes
y hablabas de disfrutar el momento.
Un momento es muy poco tiempo,
un momento es muy poco tiempo.
Cuando nos despedimos
abrías una puerta más.
Encontrarás algo mejor,
encontraré algo mejor.
El amor no es lo que piensas,
el amor no es lo que piensas.
El amor no es lo que piensas,
el amor no es lo que piensas.