Ábacos exterminadores al otro lado del mundo.

Y el animal herido sacó sus garras y a su vez hirió, acto instintivo e involuntario...

Por todo lo escrito hasta ahora parece que pretendo decir que eres la peor persona, el ser más terriblemente inicuo que ha existido nunca en el universo. Hablando de ti desde la amargura... Pero es que estoy herido, compréndeme. Debo exorcizar mis demonios, creo que lo necesito, y cuando al fin me halle libre de ellos podré tal vez abordarte con un tono distinto al que, lo reconozco, he utilizado los últimos seis meses. Un tono libre de miedos y rencores y ruinas. Y es que existe un pequeño problema en mi caso, tú me lo conoces: apenas soy capaz de criticar a alguien cuando hablo de él con otra persona. Así que todo este tiempo, estos meses en que me he sentido dolido y triste, he hablado con mucha gente acerca de ti, acerca de lo que me ha sucedido contigo... pero nunca he sido capaz de dar vía libre a estos seres interiores, nunca hablé mal de ti, nunca mencioné las actitudes que en ti me amargaban, salvo tal vez en un caso (en que mencioné el egoísmo de tu silencio) pero fue demasiado breve como para expulsarlo todo. El resto de las ocasiones, cuando escribía a alguien o alguna noche de alcohol y confidencias en que contaba mi historia a algún amigo, normalmente yo me describía como el baboso agobiante que no sabe actuar y a ti como la chica que sencillamente no se siente interesada.

Lo cual, en realidad, es exactamente lo que pienso.

Pero necesitaba soltar un poco de este lastre amargo, de esta hiel, y me resulta mucho más sencillo si no hay interlocutor. Creo que todavía queda un poco por ahí dentro así que si suelto un poco más no te lo tomes a mal, es parte de la terapia (cuyos resultados serán beneficiosos para todos, ya verás) y en cualquier caso seré siempre sincero. Mejor que pagarme un psicoanalista...

Estoy pensando que me gustaría hablar contigo, uno de esos discursitos míos preparados de antemano, como el que te solté aquella vez, ya sabes. Básicamente querría decirte lo luminosa e ilusionante que conseguiste que fuese una etapa de mi vida especialmente difícil, agradecértelo, pedirte perdón por todo lo que te haya podido molestar en mi actitud (sé que no he sabido actuar en algunos casos), explicarte cuánto te aprecio, el tremendo cariño que te he cogido, y que eso no cambiará, seguirá estando ahí, que mi mayor deseo es que todo te vaya muy bien en todos los aspectos de la vida, que esa preciosa sonrisa resplandezca siempre completa hasta llenarte de arrugas - así que básicamente deseo que acabes con la cara llena de arrugas, ¡vaya!, lo que se suele desear a quien quieres ¿no? -. Que no pasa nada porque no te apetezca estar conmigo, c’est la vie, no puedo obligarte porque estás más cachas que yo (maldito gimnasio); pero no me gusta un pelo este silencio con el que tratas de escurrir el bulto, no es manera de dar carpetazo al asunto, y yo ya no voy a permitir más despedidas sin su ’adiós’ o su ’hasta pronto’ y su abrazo correspondiente, ya he sufrido alguna y luego te queda la sonrisa tonta en los encuentros casuales futuros y una bola en el estómago para siempre, como cuando (según todas las madres del mundo) comes tres o más de tres bolsas de gusanitos (risi, aunque los rufinos ¡mmmmmmmmm!; y los triskis al jamón tía). Así que como tardes un poco más al final voy a ser yo el que te vaya a buscar una tarde por sorpresa a la salida del curro y te suelte todo esto de nuevo y te dé un abrazo delante de todos tus compañeros, tú verás. Y sí, es una amenaza. Una amenaza terrible.

Me encantaría ser capaz de decirte todo esto a la cara, llegarme cualquier día hasta donde estés y soltártelo de buenas maneras, sería breve ("seré breve"), pero no me atrevo, esta maldita cobardía mía... Otra opción sería desarrollarlo más y escribirte una carta, pero tal vez te parezca un poco excesivo, he pecado por exceso contigo ya demasiadas veces. Y si te lo digo por correo electrónico quizá te parezca fuera de lugar... yo qué sé. No debería ser complicado, pero me lo monto yo para que lo parezca, como de costumbre.

Hoy iba a dedicarme a escribir mis Confesiones ("confieso que..."), mis faltas y errores en todo este tiempo, ¡podría contar tantas!, pero seré benevolente... o eso espero, cuando me pongo conmigo al final acabo ensañándome siempre. Pero creo que las dejaré para otro día, el lunes quizá. Hoy me siento bien tal y como están las cosas, habiendo escrito lo que he escrito, y nada más.

Acabo de enterarme (evidentemente no por ti) de que coges las vacaciones el mismo día que yo, boda y después viaje al sur, regreso a tu juventud de playas y fiestas, no tienes ni idea de cómo me excita (un poco menos que el sueño del bus del otro día, no obstante; en otro sentido más bien) saberlo, tener la sensación de que dejarás atrás todos los males y llegarás al mar en el otro extremo del mundo y volverán los días y las noches de entusiasmo y cerveza y música y arena en el pelo. Me encanta imaginarte entusiasmada y sonriente. Sé que será así.

Epílogo musical: mientras estaba escribiendo lo que escribí anteriormente la canción que rondaba mi cabecita era... ¡tachán! ’19 días y 500 noches’, de Joaquín Sabina (lo menciono completo por si los derechos de autor o qué sé yo, que esto es público leches), ¿estaba claro no?.

19 DÍAS Y 500 NOCHES

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks.
En vez de fingir
o estrellarme una copa de celos
le dio por reír.
De pronto me vi
como un perro de nadie
ladrando a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.

Tenían razón
mis amantes
en eso de que antes
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez
yo quería quererla querer
y ella no.
Así que se fue
me dejó el corazón
en los huesos
y yo de rodillas.
Desde el taxi
y haciendo un exceso
me tiró dos besos
uno por mejilla.

Y regresé
a la maldición
del cajón sin su ropa
a la perdición
de los bares de copas
a las cenicientas
de saldo y esquina
y por esas ventas
del fino Laína
pagando las cuentas
de gente sin alma
que pierde la calma
con la cocaína
volviéndome loco
derrochando
la bolsa y la vida
la fui poco a poco
dando por perdida.

Y eso que yo
para no agobiar con
flores a María
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías
para no comprarla
con bisutería
ni ser el fantoche
que va en romería
con la cofradía
del Santo Reproche
tanto la quería
que tardé en aprender
a olvidarla diecinueve días
y quinientas noches.

Dijo hola y adiós
y el portazo sonó
como un signo de interrogación.
Sospecho que así
se vengaba a través del olvido
Cupido de mí.
No pido perdón
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa.
Siempre tuvo la frente muy alta
la lengua muy larga
y la falda muy corta.

Me abandonó
como se abandonan
los zapatos viejos
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos
sacó del espejo
su vivo retrato
y fui tan torero
por los callejones
del juego y el vino,
que ayer el portero
me echó del casino
de Torrelodones.
Qué pena tan grande
negaría el Santo Sacramento
en el mismo momento
que ella me lo mande.

Y eso que yo
para no agobiar con
flores a María
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías
para no comprarla
con bisutería
ni ser el fantoche
que va en romería
con la cofradía
del Santo Reproche
tanto la quería
que tardé en aprender
a olvidarla diecinueve días
y quinientas noches.

11/07/2008 12:34 Autor: decirleamaria. #.

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