De los sueños.
¿Algo que decir acerca de los sueños? Sí, mi señoría. Confieso. Acabo de ¿sufrir? ¿gozar? un sueño erótico en el bus de vuelta a casa, tras el trabajo. Es la primera vez, ergo se me absuelve. Estaba rodeado de hombres por todas partes excepto por una, que se llama istmo y estaba vacía, delante de mí sólo el frío suelo, última fila de cinco asientos, justo en medio. A un lado un paisano de mediana edad y al otro lado una paisana, luego he mentido anteriormente. Mas la paisana no fue el estímulo inicial, me temo, así que a todos los efectos prácticos la consideraremos igualmente hombre.
En mi habitual siesta de vuelta a casa, pues. Cerré los ojos y el primer sueño estaba siendo atractivo, pero de repente se volvió picante y al poco terriblemente erótico, gracias a Dios desperté a tiempo un poco avergonzado (con esa sensación de que has estado chillando y gimiendo todo el rato y todo el mundo sabe qué has soñado, pedazo de gocho) y comprobando presuroso que mis manos no se encontraban en el lugar equivocado. Manos alejadas, señoría.
Cómo echo de menos poder contarte todas las cosas y en cualquier momento María, no te imaginas cuánto. Pero no puedo pretender que mis anhelos sean los tuyos, así no funcionan las cosas. Hoy me contaba una amiga que tu actitud seguramente se deba a que sólo me ves como un amigo, no declaró más pero imagino que querría decir que sólo me ves como un amigo, ¿sería eso? No explica demasiado, de todas formas. Pero coincide con lo que le contaste a una amiga tuya cuando le hablaste acerca de aquella carta que te escribí dándote tiempo y pidiéndote explicaciones: "lo que me fastidia es que lo vaya a perder como amigo"... algo así. Puedes estar tranquila, respira hondo: yo no voy a dejar de quererte.
Tampoco hay indicios de que tú me quieras, ni el más mínimo, ni como amigo ni como nada. Aún así: yo no voy a dejar de quererte. Aliviar tus males, animar tus apatías, ser tu hombro y tu oreja, ése será siempre mi afán. Pero seré lo que me dejes ser, obviamente. Así que depende de ti. Hubo un tiempo, lejano ya, en que supe que me buscabas con agrado, te acercabas con apetito, te dejabas cuidar hasta cierto punto, hubo un tiempo en que disfruté haciéndolo, aunque fuese en la distancia... y sí, supongo que en mi gozo influyó mucho la ilusión, la esperanza de lo posible, para qué vamos a negarlo. Pero lo que había me parecía magnífico.
Ya digo, tiempo lejano, no parece probable que lo vayamos a recuperar, no soy capaz de imaginarme de nuevo así, aunque me encantaría, por supuesto...
¿Sabes que la noche del sábado soñé contigo? O más bien la mañana del domingo. Tres veces, tres, seguidas. No sé si fue causa o efecto de esta abundancia de pensamientos, vienen de antes así que imagino que lo primero. Tres veces, me desperté a las 8 y hasta las 10 no debía levantarme así que pensé "qué bien" y me di la vuelta y me dormí feliz y raudo, soñé contigo en la distancia y cartas que no llegan. Me desperté, había pasado muy poco tiempo, volví a dormir y sueño coral pero ahí estabas tú también, y yo me desvivía por hablar contigo pero tú te alejabas siempre. El siguiente sueño fue semejante, ya no lo recuerdo. Fueron angustiosos, los tres. Sueños de imposibilidad, de lejanía, de frialdad.
Lo que eres ahora.
Y sin embargo...
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